Proyección a futuro

Yo entiendo el futuro como como una tarea. Una tarea que empieza en la vía que te saca la cosecha, en el puente que vuelve a unir a una comunidad, en la escuela que no puede dejar de enseñar, en el productor que necesita vender mejor, en el joven que quiere estudiar sin sentirse obligado a irse.

Por eso, cuando pienso en lo que viene para Morona Santiago, no lo imagino como un salto de un día para otro. Lo imagino como una ruta: clara, sostenida y con identidad. Una ruta donde la provincia avance sin que nadie tenga que resultar perjudicado en el camino.

En este tramo de mi camino, he aprendido que la provincia necesita visión y también necesita método. Planificar no es llenar matrices: es entender dónde duele, dónde falta, qué se puede hacer con los recursos reales y cómo se prioriza lo que más impacta. La planificación provincial reconoce justamente eso: que se construye desde la realidad del territorio y también desde sus limitaciones, para definir estrategias eficaces.

Cuando el territorio es tan diverso como el nuestro, la visión tiene que ser amplia: vialidad y conectividad, sí; pero también producción, ambiente, agua, salud, educación, riesgo, cultura. Porque si solo arreglamos una parte, el resto se cae.

Yo quiero una provincia que conecte oportunidades, no solo caminos. Caminos para que el trabajo llegue a tiempo. Para que el productor no pierda por distancia. Para que el turismo se haga bien, con respeto. Para que la gente pueda acceder a servicios sin que eso signifique dos días de viaje.

Esa conectividad es física —vías, puentes— pero también es digital: conectividad para estudiar, para emprender, para vender, para aprender oficios nuevos, para que lo rural no quede rezagado.

Bioeconomía: futuro sin destruir lo que somos

Morona Santiago tiene algo que el mundo entero está buscando: vida. Bosque, agua, biodiversidad, cultura viva. Eso es una ventaja estratégica si la cuidamos.

Por eso, mi apuesta de futuro se sostiene en una idea: crecer sin destruir. Construir una economía que sume valor aquí: producción con transformación, turismo comunitario serio, emprendimientos jóvenes, innovación aplicada al territorio. Ese enfoque ya es parte de cómo se define nuestra gestión: mirar el desarrollo desde la innovación y la bioeconomía, sin perder el respeto por la naturaleza y la cultura.

A la juventud de Morona Santiago:

Ustedes no necesitan que les digan “ustedes son el futuro” como consuelo. Necesitan que ese futuro tenga forma: becas, formación técnica, apoyo real al emprendimiento, deporte, cultura, conectividad, espacios seguros y una provincia que no les cierre la puerta.

Mi visión es que ser joven aquí sea una ventaja por la creatividad, por la energía, por la capacidad de aprender y de levantar proyectos. Y que la política deje de ser una pelea de adultos para convertirse en una herramienta que abra oportunidades para ustedes.

Creo en resultados, en rendición de cuentas y en mejorar lo que haga falta.

Se viene un tiempo donde el país y la provincia van a volver a tomar decisiones importantes. Cuando llegue ese momento, yo quiero que la gente decida con la cabeza fría: mirando hechos, mirando obra, mirando gestión, mirando equipos, mirando visión.

Si el pueblo decide que este camino continúe, mi compromiso es simple: trabajar más, corregir más rápido, planificar mejor y cuidar siempre lo esencial: la vida del territorio y la dignidad de la gente.

En lengua achuar, el yumi nombra el agua; y el agua enseña algo: cuando el camino se traba, busca salida; cuando hay piedra, rodea; cuando hay obstáculo, insiste. Así imagino nuestra proyección: con paciencia, con fuerza y sin perder el rumbo.

Mi futuro para Morona Santiago se resume en una frase: más oportunidades, con identidad. Y eso no se decreta: se construye paso a paso, con la provincia unida y con la juventud empujando.

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