La Prefectura

Llegar a la Prefectura fue hacerse cargo. Hacerse cargo de una provincia grande, diversa y exigente; de una geografía que no perdona improvisaciones; y de una gente que no quiere cuentos sino soluciones.

Yo asumí este paso con una idea clara: servir sin vanidad y gestionar con resultados. Porque en Morona Santiago la confianza no se gana con frases, se gana cuando una obra se termina, cuando una vía deja de ser un problema, cuando un puente deja de ser promesa y se vuelve paso real, cuando la atención en temas sociales llegan a los que más necesitan.

En esta etapa de mi camino, entendí que la Prefectura toma sentido cuando no se encierra en oficinas. Cuando camina, escucha y vuelve con una decisión. Por eso, mi forma de trabajar se parece más a la minga y al recorrido constante más que al discurso. Me gusta que cada dirección, cada maquinaria, cada equipo trabaje con un objetivo concreto y con fecha.

Y cuando se trata de vialidad, la diferencia se nota rápido. Hay lugares donde un asfalto cambia la vida diaria: mejora el acceso, ordena el tránsito, mueve el comercio, da seguridad y hasta abre oportunidades para el turismo. Pero también hace que los niños lleguen más seguros y más rápido a su escuela, que las personas que necesitan puedan llegar sin problemas a un subcentro de salud u hospital.

También cuando hacemos un puente, lo miramos no como una estructura sino como unión. Une comunidades con mercados, estudiantes con escuelas, familias con servicios, productores con rutas para sacar lo suyo.

Por eso hemos empujado obras desde el inicio de mi administración y muchos puentes, pensando en lo que significa para el acceso y el transporte de productos. A mí me gusta que estas obras no se queden solo en la entrega: que vayan con diálogo directo, con escucha, con compromisos claros para lo que falta.

Una parte que casi nadie ve —pero que define la magnitud de las obras— es la gestión técnica y financiera: sentarse, viajar a tocar puertas, sostener observaciones, ajustar carpetas, cumplir requisitos, insistir hasta que los financiamientos y proyectos caminen.

Como prefecto, esa gestión ha sido clave para proyectos grandes, como la vialidad. Hay procesos formales con el Banco de Desarrollo del Ecuador (BDE) que algunos ya han concluido y otros están en camino a la aprobación de financiamientopara la construcción de obras. Eso no se logra con suerte: se logra con equipo, con planificación y con constancia.

Yo no lo cuento para recibir agradecimientos o aplausos. Lo cuento porque en esta provincia la gestión no puede ser invisible: la gente tiene derecho a saber que, mientras se ven máquinas en territorio, también hay trabajo serio detrás para que el dinero alcance, para que los proyectos se sostengan y para que lo que se construye dure.

Mi camino en la Prefectura también me empuja a mirar más allá del cemento. Morona Santiago tiene una riqueza que no se puede desperdiciar: cultura, biodiversidad, energía creativa. Por eso creo en un modelo que no solo haga obra, sino que abra futuro: turismo bien hecho, emprendimientos, y una bioeconomía que cuide la vida y fortalezca la seguridad alimentaria de nuestras familias. El sector social es otro tema que lo tomo muy en serio y he multiplicado la inversión en eso. La Dirección de Desarrollo Social y el Centro Médico cuentan con servicios que anteriormente no había

A los jóvenes les digo que la Prefectura no es un edificio; es una herramienta. Y si esa herramienta se usa bien, puede ayudarte a quedarte, crecer y soñar aquí, sin sentir que el único camino es irse.

Cuando una vía mejora, se mueve el trabajo. Cuando un puente se abre, se abre el comercio. Cuando se gestiona bien, llegan más proyectos. Y cuando se piensa con visión, aparecen oportunidades nuevas: turismo, producción con valor agregado, formación técnica, emprendimientos.

Esta etapa de mi camino —la Prefectura— la asumo así: con los pies en territorio, con resultados visibles y con una convicción firme: Morona Santiago puede avanzar sin perder su esencia. Y ese avance, si lo hacemos bien, tiene que sentirse primero en la gente que más futuro tiene por delante: ustedes.

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