Juventud y futuro

Desde mi campaña a la prefectura me ha gustado hablar del futuro pero con una visión distinta, por eso el slogan de la Prefectura es “El Futuro es Ahora”. Esto se plaica particularmente a mi forma de creer en los jóvenes, porque no creo en una juventud “del mañana”. Creo en una juventud de ahora. Porque en Morona Santiago, el futuro no se está esperando: se está jugando hoy, en cada decisión que tomamos, en cada estudio que dejamos a medias o que terminamos, en cada emprendimiento que nace, en cada kilómetro de camino que nos conecta con oportunidades, en cada vez que nos organizamos para defender lo nuestro.

Aquí, la vida enseña rápido. Nuestra provincia es mayoritariamente rural, y eso significa algo muy concreto: para muchas y muchos jóvenes, avanzar cuesta el doble. A veces el colegio queda lejos. A veces el Internet llega a medias o no llega. A veces el trabajo es duro y temprano. A veces parece que todo está armado para que te canses antes de despegar. Y aun así, la juventud de Morona Santiago sigue de pie.

Yo lo sé porque vengo del territorio. Y en mi mirada, el territorio no es un lugar “para sobrevivir”, sino un lugar para crear. Para mí, nuestra núngka (tierra) y nuestro yúmi (agua) ha sido la base de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser.

Cuando era parte de la dirigencia de la Nacionalidad Achuar del Ecuador, entendí que el activismo no es gritar por gritar. El activismo verdadero es organización, disciplina, cuidado de la gente y claridad en el propósito.

En octubre de 2019, cuando el país se levantó frente a decisiones del gobierno que golpeaban a las familias, fueron días que me enseñaron que la juventud no puede vivir con la idea de que “nada cambia”. Cambia cuando el pueblo se une, cuando se sostiene en paz, cuando se organiza y cuando propone.

Pero también aprendí otra cosa: protestar es una parte. La otra, igual de importante, es construir.

Yo no voy a romantizar lo difícil. En Morona Santiago hay cifras que te golpean, porque detrás de cada número hay historias: hogares con carencias, chicos que abandonan la escuela, adolescentes que cargan responsabilidades demasiado temprano, familias que sienten que no tienen red.

Por ejemplo, hay indicadores que muestran que nuestra provincia enfrenta niveles muy altos de pobreza multidimensional. Y también hay datos educativos que advierten que la deserción y el abandono escolar aquí son un desafío grande. Esto no es para señalar a nadie, es para entender la magnitud del reto y dejar de tratarlo como si fuera normal.

Si algo quiero decirle a la juventud de Morona Santiago es esto: no estás fallando tú. Está fallando un sistema que muchas veces no llega completo al territorio. Y por eso, lo que necesitamos no es solo motivación, necesitamos caminos reales: conectividad, educación útil, empleo digno, apoyo al deporte, cultura, salud mental, oportunidades para emprender sin ahogarnos en trámites.

Yo creo en un futuro donde ser joven en Morona Santiago no sea una desventaja, sino una ventaja.

Mi sueño de provincia para mi generación y las más jóvenes consiste en que:

  • Estudiar no signifique abandonar tu identidad, sino fortalecerla;
  • Emprender no sea un salto al vacío, sino un camino con acompañamiento;
  • El campo y la ciudad se conecten mejor, para que el talento no tenga que emigrar obligado;
  • La economía crezca sin destruir lo que nos sostiene: bosque, ríos, cultura;
  • y donde la política deje de ser un ring y se convierta en herramienta para resolver.

A mí me gusta hablar claro: si la juventud no tiene oportunidades, el territorio se vacía. Y si el territorio se vacía, se lo reparten otros. Por eso mi idea de futuro no es solo “más obras”. Es más posibilidades de vida para ustedes: para la chica que quiere estudiar y no puede, para el pana que quiere emprender y no tiene capital, para el joven agricultor que produce pero no logra vender bien, para el que tiene talento en deporte, música o tecnología y no encuentra dónde crecer.

Morona Santiago tiene todo para ser potencia: biodiversidad, cultura viva, gente trabajadora, creatividad. Lo que falta es conectar eso con un modelo moderno que funcione con innovación, bioeconomía, turismo bien hecho, producción con valor agregado, formación técnica, y un Estado que llegue sin prepotencia y con resultados.

Si estás leyendo esto y sientes que a veces te toca cargar demasiado, quiero que lo sepas: Joven, tú no eres un “problema”. Eres la solución.

Pero la solución no se construye con organización, estudio, disciplina, y también con orgullo. Con orgullo de lo que somos. Porque cuando uno se avergüenza de su identidad, se vuelve fácil de manipular. Y cuando uno entiende su raíz, se vuelve difícil de quebrar.

Ese es mi punto: juventud y futuro no son dos palabras. Son una decisión diaria. Y mi apuesta es que esa decisión la tomemos juntos, con identidad y con oportunidades reales.

Deja una respuesta